Yo, ¿hincha?
El último post de Javier Murillo me recordó porque es que ya hace buen tiempo no soy hincha. Para él, ser hincha es (más o menos) aferrarse a la ilusión hasta que se vuelva realidad. Yo paso.
Creo, solo creo, que no es mi culpa ser así. El desapego por la camiseta crema que mamá me impusó fue por su precaución. Me dijo que era peligroso salir con la camiseta de la U. Parecía que a la gente de La Victoria no le gustaba mucho el color. Yo no entendía pero obedecía, a fin de cuentas, igual de divertido era montar mi triciclo por el edificio. Esa es una razón. La otra va por otro lado: papá nunca me llevó al estadio. Mamá se lo prohibió, así como se lo prohibió a mi abuelo que entraba gratis al Miguel Grau y llevaba a mis primos a bailar con la Tía Pocha para el deleite de Alan Diez (¿así se ecribe el nombre de ese tipo, no?) y su cámara.
Ya acá en Pueblo Libre decidí ponerme mi polito crema que decía Nicolini. Era muy feliz. Antes de Navidad, la U le ganó por penales al Cristal, lo recuerdo clarísimo y yo revolcaba feliz por el piso de la madrina de mi mamá, allá en San Borja, donde mamá sí me dejaba (y se permitía a sí misma) gritar los goles de la U. Pero pasó el tiempo y cuando ya tenía cinco años, Cristal se iba por el ‘bi’ y todos mis amigos (o los que lo eran entonces) decían ser hinchas de Cristal y se burlaban de los otros equipos (en especial de los de Alianza a los que nunca habíamos visto campeonar). Le pregunté a mi mamá si uno podía ser de dos equipos. Ella me dijo que no, que uno nace y muere con su equipo en las buenas y en las malas.
Cuando entré a La Salle y mamá me recogía de los entrenamientos de fútbol me decía que Breña era el barrio de la U y que a unas cuadras del colegio estaba Odriozola y que un día me probaría en el Lolo Fernández. Nunca me llevó. Parece que a ella no le gustaba el sitio, aunque la gente fuese de la crema.
Más adelante, ya en secundaria, solo había un día para ser hincha. El día después del Clásico. Tengo algunos mensajes de Wicho Navarro celebrando la victoria de los de Matute y jodiéndome. Igual jodían el Pollo Villegas y el Mono Múñoz que le hacían un alto a su bronca para burlarse de nosotros, sus alumnos no íntimos.
Aquí en la PUCP, nadie me ha revelado sus aficiones futbolísticas. No me molesta. La huevada es más importante que los goles que se falló Candelo, los pies quemados del Chorri y la rabieta del filósofo de la juventud, Reimond Manco.
Creo que mi yo hincha murió hace tiempo. Culpo a mamá y al Gordo Gónzales. Pero no vale la pena echar culpas. Ayer ganó la U, pero no tengo saldo para llamar a Wicho ni él tiene celular para recibirlo.



1Oscar
wrote on 2 Marzo 2008 at 18:16
Ser hincha en el Perú es (haciendo referencia al lenguaje futbolístico) lo más cagón que existe. Esa ilusión no se vuelve realidad. Si eres de Alianza, la U, Cristal o Cienciano (ahora último San Martín) hay muchas victorias por celebrar, pero sólo en el ámbito local, porque en competencias internacionales no somos nada (salvo el caso de Cienciano en la Copa Sudamericana, pero eso fue un “caso aislado” y pasó hace años). Ser hincha de la bicolor es peor. No ganamos nada. Todavía tengo fe en cada uno de los partidos que se juegan, pero de ahí a ser hincha hay mucho. Sin embargo, como leí alguna vez no recuerdo donde, los orates hinchas peruanos son hinchas de verdad porque la sufren, como dices, aferrándose a que la ilusión se vuelva realidad. Los hinchas peruanos la sufren como nadie. Qué fácil es ser hincha de Boca o River, de Brasil o Argentina. Igual de jodido era ser hincha del equipo de mayores de La Salle donde tu jugabas. ¿O me equivoco? Pero bueno, qué puedo decir yo si era precisamente el que les daba la mala suerte.
2Javier
wrote on 2 Marzo 2008 at 19:54
Ser hincha es creer en un equipo hasta el final, como dijo tu mamá uno nace y muere con su equipo en las buenas y en las malas; además, te emocionas cuando ves el partido, te enojas cuando pierden, te mantiene distraido. Es una pena que no pudieras ir al estadio es todo un espectaculo, tanto por el fútbol y, no sé si sera sólo en el Perú, pero te ganas los insultos y gritos de la gente. Te comento que mi primer partido, es decir el primero que vi en vivo, fue en Urcos Universitario de Deportes contra el Cienciano del Cusco. Mi padre me llevó con mucha emoción al partido y ocurrió uno de los más grandes espectaculos antideportivos en el Perú, “Cuto” Guadalupe y “Chiquito” Flores, ironicamente actual arquero del cienciano, hicieron de todo en la cancha, pelear, golpear al arbitro, responder tirando las botellas al público, golpear a los “recojebolas”, menos jugar fútbol. La “U” terminó con 5 expulsados, fue un empate y el arbitro Garay tuvo que dar por terminado el partido a 10 minutos del final. En verdad fue cualquier cosa menos que ver fútbol, pero fue muy divertido por todo lo que paso… En verdad no soy tan hincha del fútbol peruano, pero si apoyo al equipo que desde chico me enseñaron a apoyar y, por último, de la blanquiroja ni quiero hablar… Sin embargo en medio de todos los fracasos que a tenido el Perú en el fútbol, el Cienciano el 2003 y el 2004 hizo historia y no sólo el Cusco se alegró, también todo el Perú alento al equipo imperial…
3José Castro
wrote on 2 Marzo 2008 at 21:26
“Vamos Cristal carajo!!!!!!!” Eso fue lo primero que escuché allá en el estadio Mariano Melgar, casa del Melgar FC, cuando se enfrentaba el Sporting Cristal contra la casa. Era mi primera vez en un estadio. Mi abuelo hincha a muerte del Melgar me llevó ilusionado que me agradará el fútbol y sea hincha de este equipo. Un equipo, para variar, que desde hace ya más de 15 años no gana ningún trofeo. Desde ese momento el nombre Cristal se quedó grabado en mi memoria. La verdad es que nunca sentí esa aferración de hinchada hacia este equipo, pero siempre me sentía atraído por él. Llegó el año 1999, y el Cristal se enfrentaba al Melgar en casa de los arequipeños otra vez. Me acuerdo que fue un 17 de Agosto - dos días después del aniversario de esa ciudad, por lo que significaba que no podían perder en su casa - y como era de esperarse mi abuelo me llevó al estadio. Recuerdo que grité el único gol de ese encuentro marcado por Cristal; y también recuerdo la cachetada que me metió mi abuelo al gritar eso en plena barra melgariana. Desde ese momento mi aferración creció un poco debido a esa cachetada. Pienso que se debio a que sentí esa frustración de ser callado por la hinchada enemiga. Y así empecé a ver los partidos de Cristal. Cada victoria celebraba y cada derrota lloraba. Julinhio (asi era no?) Solando, Mendoza, Chorri, Miranda, esos nombres nunca olvidaré. Pero poco a poco ese interés por la hinchada se fue debilitando y desapareciendo. La verdad no me explico aún por qué. Ese sentimiento no volvería a surgir en mí hasta el 2003 cuando Cienciano ganó la Copa Sudamericana. Pienso que se debió al ver en un momento tan exitoso a un equipo peruano en un momento en el cual las críticas a nuestro fútbol eran muy desalientadoras. Ahora, no niego que gozo viendo un partido de Cristal, o un super clásico U - AL; sin embargo, no comparto esa algarabía de un hincha. Me doy cuenta que hasta ahora no he definido hincha. Para mí creo que hincha es aquel fanático que ama a su camiseta pues en ella comparte sus sentimientos colectivos como sus alegrías. Pero también es aquel que es consciente de las posibles derrotas de su equipo, y esto lo anima a seguir soñando. Sin embargo, como tu bien mencionaste, cuando Cristial se iba por el bi muchos hinchas de la U se acreditaban de la celeste. Igual sucedió con Cienciano. Apuesto, y espero que Javier no se ofenda, que antes de la Copa Sudamericana 2003, muchos cusqueños no eran partícipes del Cienciano. Pero así es nuestro fútbol peruano
4Rafa
wrote on 2 Marzo 2008 at 21:28
Aunque no te hayan llevado al estadio de chico o como Murillo, que fue pero ya bastante grandecito, igual el fútbol es algo que a todos nos va a llamar la atención. Yo recuerdo que de muy chico era hincha de Alianza (si me preguntabas la razón, me destruías la ilusión); luego, dejando de lado esa etapa de locura temporal, me volví un hincha moderado de la U. Mi papá y la familia en general eramos socios, íbamos al estadio casi siempre…y en esa final contra Cristal en el ‘98, aunque no lo vimos en vivo, mi papá hizo que agradeciera a Dios por el campeonato. En fin, en este país se es hincha casi casi por obligación: somos futboleros a más no poder, nos quejamos siempre de las desgracias del fútbol peruano, añoramos los tiempos de Lolo, Cueto, Cubillas y Challe, queremos linchar al “Condor” Mendoza por su gol fallado contra Ecuador en el 2005, odiamos a los juergueros del Golf Los Incas y endiosamos a un desubicado pelucón con apellido de lisiado sin darnos cuenta que lo que le falta es cabeza fría y madurez, en lugar de poses de divo y las fiestas en Gotika. Yo personalmente soy hincha pero tranquilo, voy al estadio cuando quiero, y si no, normal. No me agarraría a golpes con alguien por temas de fútbol. En fin, cada quien tiene su propia dosis de afán por un equipo.
pd1: ¿por qué no te llevaron a probarte?!! No sé si serás bueno con la pelota, pero nos han privado de un Jotita!
pd2: Que chevere tu mamá alucina…jajaja
pd3: Ya lo dije y lo repito, soy hincha de la U y en el extranjero admiro a dos: OBVIAMENTE Boca Juniors y el Liverpool FC, en especial por su hinchada: escuchar “you’ll never walk alone” antes de los partidos y cuando van mal, es simplemente increíble.
5Rafa
wrote on 2 Marzo 2008 at 21:33
Me olvidaba: mi primer partido fue un Universitario - Alcides Vigo. Me parece que fue en el ‘97. Mi papá que estaba algo enfermo hizo un grandísimo esfuerzo y fuimos al Nacional a ver a la U de sus amores jugar. En ese partido Eduardo Esidio y el Puma Carranza tuvieron un encuentro aéreo que mandó al ídolo a la clínica por unos días. Después de ese día, de que otro equipo podía ser.
6N.J.Sophie
wrote on 2 Marzo 2008 at 22:32
Pues, mi experiencia con ser hincha al fútbol, desde niña, tuvo que ver (como casi el resto de mujeres) más con los hombres que con el deporte en sí.
Mi papá siempre fue de la U y yo odiaba que dieran los partidos porque era un domingo sin salir. Un domingo jodidamente largo y tedioso.
Entré al colegio y como toda niña tonta, me gustó un niño tonto que gustaba de este deporte. Entonces, como era obvio, secretamente me volví de la Alianza aun sin saber que es un mediocampista o siquiera un guardameta (perdón la suprema ignorancia). Con el tiempo, este niño en cuestión sería mi único estímulo para hablar de vez en cuando de fútbol, bueno, en realidad, escuchar al respecto. Una vez que la magia que le veía a infante en cuestión desapareció, no desapareció que aprecie al fútbol, puedo ver un partido tranquilamente mientras este sea interesante (mundiales, campeonatos, o simplemente cuando hay goles).
No soy hincha, pero sinceramente no odio el fútbol (y no lo haré a menos que interfiera de nuevo con alguna actividad de domingo)
7Loreta Alba Mancilla
wrote on 3 Marzo 2008 at 13:46
Yo adoro el fútbol.Quizá porque suelo ser ligerameeeente agresiva y jugarlo implicaba repartir patadones, codazos y escupir en el suelo(cosas que en mi niñez tuvieron a bien prohibirme).Además mi padre vivía MUY cerca al estadio y cada vez que pasaba la barra era emocionante como todas las niñas de la cuadra nos metíamos a la tienda más proxima como cuyes asustados.Recuerdos aparte , para ser hincha de camisetas peruanas hay que tener más vocación por el martirio que Santa Rosa, paciencia de jubilado y alguien a quien descargarle tu bilis.O sea, sustituto perfecto del amor.No, no me da para tanto; preferiría ser cheerleader y salir calata en el “Ajá”
8Renato Constantino
wrote on 3 Marzo 2008 at 14:29
Oscar: Golpe bajo, hombre. Ya contaré algunas ocurrencias del equipo de mayores de La Salle. Pero en otro post.
Javier: Solo una vez he llorado ante una pantalla viendo un partido de fútbol. Ya también lo explicaré más adelante.
José Castro: “Esa frustración de ser callado por la hinchada enemiga.” Sí, más o menos eso era ser hincha de la U en La Victoria. Y lo de tu abuelo también me pasaba con mi abuelo que era un verdadero hincha de la rosada.
Y es Julinho.
Rafa: No llegaba a jotita ni de vainas. Creo que a las justas a cebollita y eso…
Nuria: ¿Reemplazamos niños por adultos y fútbol por Smackdown! y se cumple la relación? No lo sé. Sonrisa cómplice.
Loreta: Solo falta que me digas que puedes eructar el abecedario y podrías ser parte del Club de Tobi. En fin, también una barra brava nos jugó a mí y a mis amigas una mala pasada por la Brasil. “¡Corre o muere!” y yo le dije a mis amigos “¡Pero en serio quiero ir al baño!”